Bueno, en realidad no se trata de que la estación orbital se dé una vueltecita por la Avenida Álvaro Domecq montada en un coche de caballos, con sus tripulantes saludando con sus manitas desde las ventanillas, como a alguno seguramente le gustaría imaginar. El paseo al que se refiere el título del artículo es, como la Estación, espacial. En el espacio sideral, ultraterrestre, pero –eso sí–, jerezano.

El caso es que mientras ayer anochecía y los habitantes de la ciudad andábamos cada uno en nuestras cosas, la Estación Espacial Internacional pasaba justo 404 km por encima de nuestras cabezas. La cosa en la que andaba el habitante que escribe ahora este artículo era –previsiblemente– tratar de capturar el momento. Y no iba a resultar sencillo, porque minutos antes de la hora esperada, un manto de nubes se había interpuesto entre la ciudad y la Estación –aproximadamente a una centésima parte de la distancia entre ambas–.

Y allí estábamos, las nubes y yo, compitiendo por cubrir el evento, cuando, apenas a cinco minutos de su comienzo –las ocho y diez serían–, se abrió un amplio claro por el sudeste, entre la Luna y Orión, justo en el sector del firmamento por el que la Estación finalizaría su paseo. Rápidamente, activé mi altamente sofisticado equipamiento de captura de imágenes astronómicas: agarré el móvil, lo apoyé sobre una baranda y apreté el botón.

Segundos después, una lucecita anaranjada se deslizaba entre las nubes: allí estaba la Estación Espacial Internacional, surcando gloriosa los jerezanos cielos. Y allí estaba también mi móvil, capturando a la vez la luz solar reflejada los paneles de la nave y la luz de las farolas cercanas reflejada en el campanario de Nuestra Señora de las Nieves.
Taken with NightCap Pro. ISS mode, 56.37 second exposure.

Taken with NightCap Pro. ISS mode, 56.37 second exposure.

El resultado es esta foto. Al final, hay que agradecer a las nubes el aportar un plus de dramatismo a la escena. La Luna, cubierta, aparece como una luz fantasmagórica a la derecha de la imagen; y las estrellas de la constelación de Orión, en la esquina superior derecha, también contribuyen a enriquecer el cuadro.

El making of se resume en tres enlaces:

Sumergidos en la vorágine de ayudar a sus majestades Los Reyes Magos, los aficionados a la astronomía ya hemos tenido el primer regalo astronómico del año. En el amanecer del pasado 4 de Enero, disfrutamos de un eclipse parcial de Sol. Una parte de la agrupación nos reunimos en casa de nuestro compañero Jose Luis para fotografiar el evento.

Foto de grupo

Antes de comenzar. De izquierda a derecha: Lydia, Sergio, Sara, Jose Luis, Avelino, Joaquín y Lito

Estuvimos listos para ver el eclipse desde el amanecer, pues escogimos un lugar de observación con ningún obstáculo hacia el este, pero las condiciones meteorológicas no nos acompañaron. Una densa niebla, presente desde antes del amanecer se intensificaba conforme la hora crítica se acercaba. Fue imposible ver la salida del Sol eclipsado, pero minutos después, en los intervalos en los que la niebla era menos intensa y las nubes altas, concretamente altocúmulos, nos dejaban, se pudo sacar algunas instantáneas.

Eclipse a las 09:30 hora local. Nikon D90 Exp. 1/400 s. f/10 ISO 200. Focal 105 mm

Curiosamente, la niebla presente nos permitió fotografiar directamente el eclipse, sin necesidad de filtros solares para la cámara. Más tarde, con menos niebla pero con menos Sol eclipsado, sacamos otra instantánea.

Eclipse a las 09:42 . Nikon D90. Exp 1/4000 s. f/22 ISO 200. Focal 105 mm.

Hoy el Sol no lo ha tenido fácil para amanecer. Para empezar, las brumas de la mañana, llevadas por el brisa y desfilando rápidas por el horizonte, le velaban el brillo. Luego estaban aquellas nubes altas y lejanas, flotando por encima de su polo norte, esperándole en su ascenso por el cielo.

Y, para acabar, la Luna.

Una Luna nueva que a la que hoy le dio por disfrazar al Sol de Luna creciente. Y el traje era ella misma; ahí, pegada al Sol, amaneciendo a la par suya. Un bocado negro en su destello. Un trozo de noche enganchado a la luz del día.

Todo esto lo filmaba el autor de este artículo desde la cara sur de la Sierra de San Cristóbal, en el límite entre los municipios de Jerez y el Puerto de Santa María. En el punto por el que ascendían juntos el Sol y la Luna, alguien en la Tierra había acertado a instalar el parque eólico que se recorta ante el eclipse.

Minutos después, satisfecha de su broma, como riendo entre dientes, la Luna se separaba del Sol; mientras este, sorteando nieblas, se esforzaba en completar su ascenso hasta el mediodía, la Luna lo adelantó por la eclíptica y siguió su camino hacia Capricornio. A partir de ahí, sigilosa, desapareció del cielo.

El 3 de noviembre de 2013, la Luna volverá a quebrar la redondez del disco solar. Pero esa vez será a mediodía.

Y el 21 de agosto de 2017, la Luna se abalanzará sobre el Sol cuando este se precipite hacia su ocaso. Será una hermoso atardecer incompleto.