El día 21 de Enero tenemos un eclipse total de Luna en la provincia de Cádiz, será visible en su totalidad desde las 5:41 a las 6:43 siendo su máximo a las 6:12:18 hora peninsular española (5:12 UTC). Aunque las condiciones meteorológicas pueden estropearlo, es previsible que el día 21 a partir del inicio del eclipse se despeje.

La costa gaditana se presenta como un buen lugar para verlo pues la Luna se encuentra a esa hora hacia el oeste, y en algunos lugares como Cádiz o Chiclana, Conil estará justo encima del mar.

Os proponemos un par de lugares interesantes para conjugar el paisaje y la Luna eclipsada junto al mar y un buen sitio para Jerez.

En Cádiz desde toda la playa de la Victoria mirando al mar será visible, pero hay un lugar desde donde la Luna estará encima, (entre 20 y 30 grados sobre el horizonte) sobre el castillo de San Sebastián, buscar un lugar cercano al propuesto dependiendo de la hora, la imagen está prevista para las 6:13, pero hay un margen de 1 hora [5:41 – 6:43]. La luna estará siguiendo la linea azul fina. La linea azul gruesa es donde se ocultará visto desde el banderín rojo.

Imagen tomada de PhotoPils

El Lugar propuesto no puede ser mas gadita, en los alrededores de la Peña “La Perla”, junto a su Busto.

Titular “La Perla de Cádiz por Alegrías acompañada por Paco Cepero para celebrar el  Eclipse de Luna en el Castillo de San Sebastián

 

En Chiclana cerca del lugar mágico en la playa de la Barrosa se podrá ver justo encima del Castillo de Sancti Petri, se posará sobre él pero ya la luna llena no eclipsada y habrá que cambiar un poco de lugar y mas cercano al amanecer. El Castillo saldrá en penumbra pues no está a esas horas iluminado, aunque el faro si estará en funcionamiento.

Imagen tomada de PhotoPils

El lugar puede ser bien en la playa o sobre la loma una vista más en alto, en algún punto entre el Punto Mágico y el Mirador “El Anfora”, dependiendo de la hora (entre las 5:41 y 6:43)

Por ultimo en Jerez, el mejor sitio sin duda en el Alcazar que se podrá ver en los alrededores de la Torre octogonal del Alcazar. Lástima que no haya margen entre los edificios para sacar la foto desde más lejos para que la Luna aparezca más grande sobre la Torre.

Imagen tomada de Photopils

Desde el centro de Negocios Convento San Agustín, al final de calle Armas junto a la rotonda.

Buenos Cielos y despejados.

 

 

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Era la hora en que concluía el crepúsculo náutico. El Sol había descendido doce grados por debajo del mar. Por encima de este, unas nubes altas y lejanas teñían de encarnado el horizonte. Más arriba, conforme la vista ascendía hacia el cénit, el aire iba pasando por todas las tonalidades del azul, desde el cian más tenue hasta el zafiro más intenso. Mucho más allá de nuestra atmósfera, y brillando a través de ella, los planetas Venus, Marte y Saturno coincidían en su danza orbital formando una conjunción que adoptaba la figura de un triángulo casi rectángulo flotando sobre las aguas atlánticas. Por último, en los mismos confines del alcance de nuestros ojos, algunas estrellas de la constelación de Virgo (Pórrima, Zaniah, Zavijava) comenzaban a apreciarse, muy débiles aún en el fulgor del ocaso.

Conjunción de Venus, Marte y Saturno sobre el Atlántico. Foto del autor tomada el 4 de agosto de 2010. Sony F717, 5″ de exposición a f/2 e ISO 100.

El cuadro que la naturaleza ofrecía en aquel momento era un regalo para los enamorados, con Venus, la misma diosa del amor, presidiendo la escena. Pero el fiero Marte, el dios de la guerra, junto a ella, nos recordaba que, en ese mismo punto de la costa gaditana, hace 199 años (un suspiro en términos astronómicos), diez mil españoles, dispuestos a liberar a Cádiz de su asedio y auxiliados por algo más de cinco mil aliados británicos y portugueses, trababan batalla con otros diez mil soldados del invasor ejército imperial francés. La contienda dejó cerca de cuatro mil cadáveres sobre las arenas, franceses en su mayoría, pero no decidió nada: las gaditanas volvieron a hacerse tirabuzones con las bombas que los fanfarrones siguieron tirando, y Saturno, el tiempo, prosiguió su discurrir mientras los planetas, ajenos a esos mínimos movimientos de materia orgánica sobre la corteza terrestre, continuaban el sereno trazado de sus órbitas.