Mercurio, el planeta rocoso más pequeño, tiene la atmósfera más ligera de todo el Sistema Solar. Esto se debe principalmente a dos razones. La primera de ellas es su tamaño, la gravedad superficial en Mercurio es tan débil que tiene muy complicado retener gases cerca de su superficie. La segunda y más importante, es su cercanía al Sol unido a su débil campo magnético. Esto causa que el violento viento solar arranque casi toda su envoltura gaseosa.

Aún así, Mercurio tiene un vestigio de atmósfera, tan débil que apenas se puede distinguir del vacío. Su presión es de 10-15 atmósferas. Su composición es un 42% de oxígeno, 29% de sodio, 22% de hidrógeno, 6% de helio, 0,5% de calcio y otro 0,5% de potasio. Además contiene trazas de otros compuestos, como dióxido de carbono, agua nitrógeno y los demás gases nobles.

Esta presencia de débil atmósfera es incompatible con el violento viento solar presente, por lo que se supone que este vestigio de atmósfera no es fija, sino que es el resultado de una creación de gases por su superficie unida a una eliminación continua por el viento solar. El hidrógeno y el helio provienen probablemente de la captura de dichos gases por la magnetosfera. La presencia de los otros componentes se puede explicar por la liberación de estos compuestos por la corteza del planeta por impactos de fotones e iones de alta energía, así como el impacto de micrometeoritos. Otros sin embargo son productos del decaimiento radiactivo de elementos de la superficie. La presencia de agua y dióxido de carbono son debidos probablemente a los impactos cometarios en la parte no iluminada, que se subliman rápidamente en cuanto son iluminados. No se descarta tampoco que queden permanentemente en la atmósfera en las zonas permanentemente en sombra, como en las zonas polares o en los bordes de los cráteres más profundos.

Versión radiofónica del artículo aquí

Menú Universo Gaseoso

Anuncios