Historia


Nos acercamos con esta nueva sección a un apartado de las ciencias espaciales poco trabajado hasta ahora por nuestra web.

En los primeros artículos haremos un recorrido histórico que nos llevará desde los pioneros de la cohetería enfocada a los viajes espaciales hasta los vuelos tripulados a la Luna, y desde ese momento hasta la actualidad. La segunda consistirá en un examen de la situación actual de las diversas agencias espaciales. Y la tercera en una miscelánea de temas alrededor de la astronáutica, centrada en noticias de interés y proyectos punteros. Todos los artículos serán expuestos en primer lugar en los programas de radio de Un Punto Azul y posteriormente editados en aamagallanes.com.

No trataremos ni los autores de ciencia-ficción ni la historia de la cohetería en su uso pirotécnico o militar, sino cuando guarden relación con nuestro asunto principal. Por tanto comenzamos nuestro recorrido a finales del siglo XIX, momento en que por fin los sueños de surcar el espacio exterior pasan a concretarse en proyectos o diseños científicamente viables.

En la primera parte de la sección (los pioneros) nos daremos cuenta de varias cosas:

1º) El científico estrella es la punta de una pirámide cuya ancha base está formada por una infinidad de filósofos que buscan un futuro mejor para la humanidad y de locos románticos que llenan sus cuadernos de bocetos con que apoyar teorías pseudocientíficas que no resisten los cálculos más elementales. Sobre esta amplia masa de soñadores que lanzan al público sus ideas con escaso pudor, se yerguen los escritores de ciencia-ficción, quienes, recogiendo esta colección de ideas de un lado y las más modernas teorías científicas por otro, proponen realizaciones que se encuentren uno o dos pasos más allá de las posibilidades de su tiempo. En la cumbre, por fin, un puñado de científicos se dan cuenta de que un desarrollo de la materia que ellos dominan podría quizá dar vida a una de esas propuestas. Se lanzan entonces a calcular y experimentar y finalmente consiguen convertir el sueño en realidad. Cada uno ha realizado su tarea, ha aportado su parte de ilusión en el logro y ha soportado su parte de incomprensión en el camino; y entre todos se ha obrado el milagro.

2º) La pequeña historia de la astronáutica suele escribirse exclusivamente con nombres americanos y europeos, olvidando siempre a los latinoamericanos o asiáticos, y en la medida de lo posible a los rusos. Intentaremos en nuestra sección remediar estos tradicionales olvidos.

3º) Los numerosos mitos relativos a los científicos (su eterno despiste, la enfermedad que de pequeño le hizo estudiar, los experimentos explosivos, etc.) tienen su base en la realidad histórica. Nos divertiremos comprobándolo.

Joseph-Jerome Lalande

Joseph-Jerome Lalande

Escrito por Jean-Pierre Luminet y editado por Apóstrofe, en su colección Novela Histórica. Adquirido en Librería Fontana por 6 euros.

En 1716, Edmund Halley ideó un método para intentar medir la distancia de la Tierra al Sol por medio de una paralaje hecha aprovechando los tránsitos que Venus haría por delante del Sol en 1761 y 1769. Diversos observadores del tránsito diseminados por el mundo, dentro de las latitudes a las que el tránsito sería visible, podrían anotar los instantes de unión y de separación de Venus con el Sol y a partir de la media de todas las medidas y teniendo en cuenta los triángulos formados por cada dos observadores y el propio Venus, podría determinarse la distancia al Sol. A partir de esa medida podrían determinarse a su vez las distancias entre los diversos planetas entonces conocidos del sistema solar, a partir de los conocimientos de sus órbitas y otros.

El libro, en un lenguaje llano pero no simple, narra la carrera en la astronomía de Joseph-Jerome Lefrancois Lalande; su contacto con los más célebres astrónomos de París de la época y su participación, como coordinador desde París, en la organización de las diversas expediciones emprendidas por los franceses a través del mundo para cubrir este evento. Da cuenta de los diversos viajes realizados por los astrónomos de la academia francesa destacados al efecto, viajes de varios años de duración y llenos de peligros, derivados del viaje en sí; de las guerras que enfrentaban en toda Europa y diversas colonias americanas, africanas y asiáticas a Inglaterra contra Francia y España; y de las intrigas políticas y académicas que acechaban a los enviados.

Pone especial énfasis en los viajes de Chappe a Siberia y a la Baja California, y sobre todo en el de Guillome Le Gentil a la India (Pondicherry) para la observación del tránsito de 1761, que fracasó por no poder llegar a su destino. En el libro se queda por la zona ocho años más hasta el segundo intento el 3 de junio de 1769, cuando vuelve a fallar por una tormenta y vuelve a París con las manos vacías.

La verdad es que este intento múltiple, que repitieron al mismo tiempo los ingleses en 1769 con el capitán Cook a la cabeza, no dio en principio buenos resultados, pues muchas de las observaciones se vieron entorpecidas por el efecto de la gota negra (un punto negro que aparece justo antes y después del contacto de Venus y la estrella) y también por la dificultad que aún existía en determinar con precisión la localización geográfica, especialmente la longitud, de cada zona de observación.

Ahora bien, esta gran operación puede destacarse en la historia de la ciencia por diversas circunstancias: en

Reina Lapaute

Reina Lapaute

primer lugar por tratarse de uno de los intentos pioneros de colaboración internacional, en una especie de República de las Ciencias que superase las rivalidades políticas y de secretismo del conocimiento que imperaba hasta entonces (y hasta mucho después, a decir verdad), pues en la empresa prestaron su colaboración más de 150 astrónomos académicos y muchos otros aficionados de todo el planeta. En segundo lugar, porque en ella tuvo también su participación una mujer astrónoma y matemática, Reina Lepaute, que demuestra a muchos que las mujeres son tan capaces como los hombres de lograr grandes metas científicas, entre ellas el cálculo de muchas tablas de efemérides para la navegación, las fechas en que tendrían lugar los tránsitos, el tiempo de un eclipse solar o la fecha de regreso del cometa Halley, que otros predijeron de forma equivocada. En tercer lugar porque algunas décadas después, en 1835, superadas las guerras entre Francia e Inglaterra, Franz Encke, director del observatorio de Berlín, pudo tener acceso a todas las mediciones de aquellos tránsitos y, añadiéndole las posiciones geográficas de los diversos lugares de observación, ahora mucho mejor precisados, pudo obtener un valor para la paralaje solar de 153.000.000 de kilómetros, es decir, una medida muy precisa. De manera que por fin la empresa tuvo éxito, si bien más de medio siglo después de culminada la accidentada recogida de datos.

Sí. No engaño con el título. Ni acaso es referente a ningún cuento mitológico. Realmente, el sábado 7 de marzo de 2009, la Luna estará en El Pesebre.
Y no es que nuestro satélite natural, haya cobrado vida y decidido bajar a la Tierra como Jesucristo para ser acunada en Belén, fruto de una redención cósmica. No.
Lo que sucederá es que la Luna pasará por delante de El Pesebre.
¿Y que es El Pesebre, se preguntarán los profanos de la astronomía?
Es un cúmulo estelar abierto, es decir, un grupito de estrellas, que están juntas sin estar apelotonadas. También se le conoce como Cúmulo de La Colmena y fue descubierto por Arato en el año 260 antes de Cristo. Se ve a simple vista como una nubecilla en la constelación de Cáncer, y los griegos y romanos lo asociaban con dos burritos que comían de él.
(más…)

Aspecto actual del observatorio del Monte Wilson

Aspecto actual del Observatorio del Monte Wilson

Hace 100 años, el 13 de Diciembre de 1908, en California, EEUU, concretamente en el Monte Wilson, se estaba produciendo un hecho que revolucionó la astronomía. Un telescopio de 60″ (1,5 metros) vio la luz por primera vez. Era la época de la escalada en el tamaño de los espejos de telescopios cada vez más grandes. En 1896, año del proyecto del gran telescopio del Monte Wilson, faltaba todavía un año para que se terminara un refractor de 40″, el Telescopio Yerkes, en Williams Bay, Wisconsin. Su artífice, Greorge Ellery Hale emprendió el reto de pulir un espejo de 60″. En el proyecto del Monte Wilson se le unió George Ritchey, también del grupo de observación de Yerkes.

(más…)

« Página anterior