¿Es la vida en la Tierra un hecho excepcional y único en el Universo o es la consecuencia inevitable de las leyes de la Naturaleza?

¿Está hecho el Universo para nosotros o la especie humana es una más entre miles o millones de especies inteligentes desperdigadas por la inmensidad del espacio?

El Principio Antrópico nos dice que las leyes del universo parecen estar ajustadas para permitir el desarrollo de la vida. Si el valor de cualquiera de las fuerzas fundamentales de la naturaleza variara, aunque fuera sólo un poco, no podríamos estar ahora aquí hablando sobre ello. Si la intensidad de la gravedad fuera un poco mayor el universo hubiera colapsado de nuevo poco después del BigBang. Si fuera un poco menor la materia nunca hubiera formado galaxias o estrellas.

Lo mismo sucede con la fuerza electromagnética o las fuerzas nucleares. Tienen el valor justo para permitir la existencia de los elementos químicos de los que estamos constituidos.

earthLa Tierra está en el sitio ideal. Orbita una estrella mediana, de larga duración, que a su vez está en una zona tranquila de una galaxia, la Vía Láctea, bastante antigua y estable. El Sistema Solar es a su vez un conjunto bastante estable con gigantes gaseosos en su parte externa que nos protegen de cometas y asteroides. La órbita de la Tierra es casi circular y tiene el tamaño justo para que el agua, el disolvente universal, esté presente en sus tres estados.

La presencia de la Luna estabiliza el eje de rotación de la Tierra, lo que hace que el clima de la Tierra no sufra demasiadas variaciones a lo largo del tiempo. Esta relativa tranquilidad parece indispensable para permitir la aparición de la vida y su posterior desarrollo.

Por otro lado, el Principio Copernicano propugna que la Tierra no ocupa un lugar privilegiado en el Universo.

Conforme los astrónomos descubren galaxias más y más lejanas se observa que el Universo es homogéneo a gran escala, lo que significa que es muy parecido visto desde cualquier posición.

Hasta donde sabemos, las leyes de la física rigen por igual en todo el Universo y siendo este tan inmensamente grande, las posibilidades de que aparezca la vida, ya sea en sus formas simples o más complejas, e incluso la inteligencia, deben ser elevadas.

Las fronteras de la Ciencia.

Hasta la Edad Media se consideraba que la Tierra era el centro del Universo.
El Sol, la Luna, los planetas y las estrellas giraban alrededor nuestro.
Luego Copérnico nos sacó del centro desplazándolo al Sol.
Durante los últimos 200 años la ciencia no ha hecho más que alejarnos de ese centro.
Sabemos que el Sol no es más que una estrella mediana que gira junto a varios cientos de miles de millones alrededor del núcleo de nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Y ahí no termina la cosa. Nuestra galaxia es una más entre cientos de miles de millones en el Universo separadas unas de otras por distancias tan inmensas que seguramente jamás se puedan atravesar.
Y todavía podría ser peor.
Las últimas teorías cosmológicas propugnan posibilidad de la existencia de infinitos universos, cada uno de ellos con sus propias leyes y fuerzas fundamentales.

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Habría, por tanto, universos donde las intensidades de las diferentes fuerzas no permitieran la existencia de estrellas o que estas no durarán lo suficiente para la aparición de la vida.
Si esto fuera cierto, el nuestro sería uno de ellos en el que simplemente se dan las condiciones para el desarrollo de la vida.
Como vemos, la arrogancia de creernos el centro del Universo está totalmente injustificada.

La vida parece inevitable.

La aparición de la vida en la Tierra parece que fue bastante temprana. En cuanto se dieron las condiciones químicas y de temperatura adecuadas aparecieron las primeras moléculas orgánicas complejas, de las cuales, tras un largo periodo en el que se produjeron una infinidad de reacciones químicas, aparecieron los primeros seres vivos.

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También existe la teoría de la que la vida en la Tierra proviene del espacio. La llamada Panspermia.
Ya sea de origen terrestre o extraterreste, la vida apareció muy pronto.
Esto nos dice que la aparición de la vida no es un hecho tan improbable.
Todos sabemos que cuanto más probable es un suceso más rápido se produce.

Exoplanetas.

Cada semana descubrimos nuevos planetas en estrellas relativamente cercanas.
Sistemas solares como el nuestro con varios planetas orbitándolas a diferentes distancias.
Si hacemos un cálculo de los planetas que hay sólo en nuestra galaxia, aunque nos ciñéramos solo a los que están en la llamada zona de habitabilidad, nos encontramos con un número altísimo.
Como dijo Carl Sagan en su novela Contacto: “y si de verdad no hay nadie más ahí afuera,  qué cantidad de espacio desperdiciado”

Probabilidades y tiempo.

El ser humano no maneja bien los números muy grandes. Hasta hace muy poco no hemos tenido que usarlos.
Hasta los hechos más improbables pueden suceder si tenemos suficiente tiempo y espacio, y en el Universo hay mucho de las dos cosas.
Con tanto tiempo y espacio en el Universo, lo que no está prohibido es obligatorio.
Si nos fijamos en nosotros mismos, la posibilidad de que cada uno de nosotros naciera, calculada desde el Big Bang, o, para no ir tan lejos, desde la aparición de la especie humada es prácticamente cero y, sin embargo, aquí estamos, como podría haber dicho Galileo.
Suponiendo que la Tierra fuera el único planeta con vida en todo el Universo, o sea que se hubiera dado que nos tocó la madre de todas las loterías, creo que no deberíamos gastar mucho tiempo en preguntarnos por qué.
Es como si un agraciado por la lotería de navidad se preocupara preguntándose por qué le ha tocado a él y no a otro, en vez de disfrutar de su premio.

Antrópico débil y fuerte.

A mí lo del Principio Antrópico, en su versión débil, me suena a perogrullada.
Decir que “el universo es como es porque, si no, no estaríamos aquí” no aporta nada nuevo, es una tautología. Eso ya lo sabíamos.
Y en su versión fuerte, “el universo tiene que ser así para que nosotros podamos existir” me parece de una soberbia insoportable.
Al Universo le importamos un pito.

Ciencia y Religión.

Es significativo que muchos los científicos que defienden el principio Antrópico fuerte crean en alguna divinidad creadora.
A lo largo de la historia de la ciencia, la Humanidad siempre ha colocado a Dios justo por fuera de los límites del conocimiento humano.
El hombre primitivo atribuía a los dioses todo aquello que no entendía.
Cuando los primeros sabios mesopotámicos, egipcios y griegos fueron descubriendo las leyes más simples de la naturaleza, muchos hechos dejaron de ser obra divina.
Cuando Copérnico, Galileo o Newton hicieron sus descubrimientos volvieron a empujar la frontera entre la ciencia y la religión.
Antes de Darwin, la portentosa variedad y belleza de los animales y plantas eran atribuidas directamente a Dios.
Ahora sabemos que es el azar y la necesidad, la selección natural, la responsable.
Aunque las fronteras del conocimiento han ido agrandándose con el tiempo todavía hay mucho por descubrir.
No sabemos todavía si en Universo es eterno o tendrá un fin, no sabemos si es infinito o finito, único o múltiple.
No sabemos si se expandirá por siempre o si volverá a contraerse.
No sabemos si la intensidad de las fuerzas fundamentales puede tener cualquier valor arbitrario o están fijadas por ecuaciones aún por descubrir.

Todavía hay mucho trabajo para la ciencia.

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