El pasado 4 de mayo la NASA informó del éxito obtenido en la misión Gravity Probe B. Este satélite fue lanzado en el 2004 con la intención de comprobar y medir con precisión dos de los efectos gravitacionales derivados de la teoría de la Relatividad General de Einstein.

Aunque en un principio esta teoría parece muy alejada de lo que nuestra experiencia y nuestro sentido común nos dicen,  desde que en 1915 fue publicada, se ha podido comprobar en múltiples ocasiones.

La primera comprobación de la teoría fue inmediata y se dio al poder explicar completamente la anomalía observada en la órbita de Mercurio. En 1859, el astrónomo Le Verrier había descubierto que el perihelio de Mercurio se desplazaba. En concreto avanzaba unos 43 segundos de arco cada siglo. Esto no tenía explicación dentro de la mecánica de Newton. Einstein utilizó sus ecuaciones para calcular la desviación y estas arrojaron el mismo valor observado. El propio Einstein contó luego que sufrió taquicardia y casi no pudo dormir en los días siguientes a causa de la emoción.

Cuatro años más tarde, en 1919, se realizó un experimento con ocasión de un eclipse total de Sol. Se pudo comprobar que la posición aparente de las estrellas situadas justo detrás del borde del sol durante el eclipse variaba 1,7 segundos de arco con respecto a su posición normal. Cuando se publicaron los resultados, la fama de Einstein saltó de los círculos académicos a las portadas de los periódicos de medio mundo. Einstein había predicho que la luz también sufre los efectos de la gravedad por lo que un rayo de luz se desvía cuando pasa cerca de un objeto masivo. En realidad es la geometría del espacio mismo la que se deforma. La luz viaja siempre en línea recta pero siguiendo la curvatura del espacio-tiempo.
Esta deformación gravitacional del espacio-tiempo afecta a todas las frecuencias del espectro electromagnético y no sólo a la luz visible. Así que se ha podido comprobar el efecto en la banda de radiofrecuencia mediante radiotelescopios sin necesidad de esperar eclipses totales de sol.
Mucho más recientemente, y sobre todo con el uso de los telescopios espaciales, como el Hubble, se han podido observar las llamadas lentes gravitacionales o anillos de Einstein que son producidas generalmente por galaxias interpuestas entre la Tierra y otras galaxias más lejanas. La luz de estas aparece formando un anillo más o menos perfecto alrededor del objeto interpuesto.

Otro efecto predicho por Einstein es la ralentización del tiempo en entornos de alta gravedad.
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