Hoy el Sol no lo ha tenido fácil para amanecer. Para empezar, las brumas de la mañana, llevadas por el brisa y desfilando rápidas por el horizonte, le velaban el brillo. Luego estaban aquellas nubes altas y lejanas, flotando por encima de su polo norte, esperándole en su ascenso por el cielo.

Y, para acabar, la Luna.

Una Luna nueva que a la que hoy le dio por disfrazar al Sol de Luna creciente. Y el traje era ella misma; ahí, pegada al Sol, amaneciendo a la par suya. Un bocado negro en su destello. Un trozo de noche enganchado a la luz del día.

Todo esto lo filmaba el autor de este artículo desde la cara sur de la Sierra de San Cristóbal, en el límite entre los municipios de Jerez y el Puerto de Santa María. En el punto por el que ascendían juntos el Sol y la Luna, alguien en la Tierra había acertado a instalar el parque eólico que se recorta ante el eclipse.

Minutos después, satisfecha de su broma, como riendo entre dientes, la Luna se separaba del Sol; mientras este, sorteando nieblas, se esforzaba en completar su ascenso hasta el mediodía, la Luna lo adelantó por la eclíptica y siguió su camino hacia Capricornio. A partir de ahí, sigilosa, desapareció del cielo.

El 3 de noviembre de 2013, la Luna volverá a quebrar la redondez del disco solar. Pero esa vez será a mediodía.

Y el 21 de agosto de 2017, la Luna se abalanzará sobre el Sol cuando este se precipite hacia su ocaso. Será una hermoso atardecer incompleto.

Anuncios