Rotación

Esta solución al problema de generar el efecto de una gravedad artificial en el espacio fue ya sugerida por el pionero astronáutico ruso Tsiolkovski, a principios del siglo XX, y popularizada por Werner Von Braun, en la década de los cincuenta, divulgando la idea de una estación espacial en forma de rueda. La representación más espectacular de esta idea se encuentra la estación espacial en la película 2001. Odisea del Espacio de Stanley Kubrick, basada en la novela homónima de Arthur C. Clarke.

En el proyecto de viaje a Marte preconizado por la Mars Society de Robert Zubrin se utilizaría la última fase ya agotada del cohete como contrapeso de la nave de descenso a Marte unidas ambas mediante un largo cable. Todo el conjunto se haría rotar generando así una gravedad 0,3g., con lo que se prepararía a la tripulación para su estancia en Marte.

Una forma más sencilla sería la utilización de máquinas centrifugadoras de uso individual durante una o dos horas diarias que reducirían los efectos negativos de la ingravidez.

 

Aceleración constante

En un viaje espacial de larga duración, bastaría con mantener una aceleración constante durante la primera parte del trayecto y decelerar con el mismo valor en la segunda mitad. Esta solución tiene un coste energético bastante alto y no podría ser desarrollada con la tecnología actual de cohetes.

Sería necesaria una propulsión nuclear, iónica o de otro tipo aún por desarrollar.

El ritmo óptimo de aceleración para un vuelo tripulado hacia las estrellas sería de 1g (9,8 m/s2), ya que esto permitiría a la tripulación vivir bajo condiciones de gravedad terrestre normal, y además permitiría a la nave alcanzar una velocidad que haría factible el viaje interestelar. Con una aceleración de este tipo, se podría alcanzar cualquier estrella situada en un radio de 10 años luz en unos 10 años de tiempo a bordo de la nave aunque en la Tierra habrían transcurrido 24 años debido al efecto relativista de velocidades alcanzadas.

 

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