agosto 2010


Era la hora en que concluía el crepúsculo náutico. El Sol había descendido doce grados por debajo del mar. Por encima de este, unas nubes altas y lejanas teñían de encarnado el horizonte. Más arriba, conforme la vista ascendía hacia el cénit, el aire iba pasando por todas las tonalidades del azul, desde el cian más tenue hasta el zafiro más intenso. Mucho más allá de nuestra atmósfera, y brillando a través de ella, los planetas Venus, Marte y Saturno coincidían en su danza orbital formando una conjunción que adoptaba la figura de un triángulo casi rectángulo flotando sobre las aguas atlánticas. Por último, en los mismos confines del alcance de nuestros ojos, algunas estrellas de la constelación de Virgo (Pórrima, Zaniah, Zavijava) comenzaban a apreciarse, muy débiles aún en el fulgor del ocaso.

Conjunción de Venus, Marte y Saturno sobre el Atlántico. Foto del autor tomada el 4 de agosto de 2010. Sony F717, 5″ de exposición a f/2 e ISO 100.

El cuadro que la naturaleza ofrecía en aquel momento era un regalo para los enamorados, con Venus, la misma diosa del amor, presidiendo la escena. Pero el fiero Marte, el dios de la guerra, junto a ella, nos recordaba que, en ese mismo punto de la costa gaditana, hace 199 años (un suspiro en términos astronómicos), diez mil españoles, dispuestos a liberar a Cádiz de su asedio y auxiliados por algo más de cinco mil aliados británicos y portugueses, trababan batalla con otros diez mil soldados del invasor ejército imperial francés. La contienda dejó cerca de cuatro mil cadáveres sobre las arenas, franceses en su mayoría, pero no decidió nada: las gaditanas volvieron a hacerse tirabuzones con las bombas que los fanfarrones siguieron tirando, y Saturno, el tiempo, prosiguió su discurrir mientras los planetas, ajenos a esos mínimos movimientos de materia orgánica sobre la corteza terrestre, continuaban el sereno trazado de sus órbitas.

Hace unos días, varios amigos de la agrupación nos reunimos en uno de los encuentros más agradables que hemos tenido en mucho tiempo. La celebración fue doble en varias vertientes. Tenía una parte de “trabajo” y una parte lúdica. Tenía una parte para la agrupación y otra parte familiar, una parte astronómica y otra gastronómica. Completa se mire por donde se mire.
El origen fue la adquisición de una cúpula astronómica por parte de nuestro amigo Miguel. Su montaje era arduo, por lo que solicitó nuestra ayuda. Por un inconveniente de última hora se tuvo que posponer el primer intento. Solventados los problemas, a la segunda fue la vencida y quedamos citados un sábado a partir de las seis, en una casa cercana a nuestro lugar habitual de observación. Ibamos nosotros con nuestras respectivas familias.
Cuando llegamos nos fuimos rápidamente a la azotea para ver cómo era el famoso “Sky Sheed Pod” de 2 bahías, mientras que las familias empezaban las tertulias en los lugares más frescos de la casa.
La primera fase del montaje fue llevar las piezas a la azotea. Lo tuvimos que hacer por fuera ya que las piezas no pasaban por la escalera.

 

Con las piezas listas, primero se unieron las piezas que forman las paredes circulares. Tenian sus propios sistemas de unión y sólo quedaba la discusión de dónde colocar las bahías (por cierto, una bahía es un hueco interno para colocaar accesorios, ordenadores o sistemas energéticos y no interfieran en el hueco interno de la cúpula)

Pasamos después a colocar las ruedas por la que girará el techo hemiesférico. No fue un proceso dificil, pero si largo, ya que habia muchas ruedas por colocar.

El tercer paso fue la prepación del techo de la cúpula. Fue el más largo por los pasos a seguir. Primero el techo lo forman cuatro secciones, que se tienen que unir dos a dos mediante tornillos fijadores y después con silicona.

A estas alturas ya necesitábamos de avituallamiento líquido, por lo que cayeron los pimeros litros de agua y alguna que otra cerveza.

A cada cuarto de esfera se le tenía que colocar  una goma cogida con unas planchas de metal para conseguir la estanqueidad frente al viento y al agua, asi mismo había que colocar otra banda metálica a modo de banda de rodadura para las ruedas que habíamos colocado anteriormente.

El montaje continuó con la colocación de los dos cuartos de esfera sobre las ruedas, terminando con el ajuste del techo, comprobando la colocación de las juntas  y volviendo a dar algunos toques de silicona.

  Quedaba sólo afianzar la estructura al entarimado de madera, pero debido  a la hora, cenar resultó prioritario y las fuerzas ya no estaban como horas atrás.

La cena fue una magnifica barbacoa con las mesas colocadas bajo un techo de vid, con los racimos de uvas colgando. No faltó la buena carne, regada con cerveza, junto con un no menos delicioso postre. Pasamos un buen rato de convivencia entre la familia de Miguel y la Agrupación Magallanes.

Pasada la cena decidimos terminar el montaje de NINO 1, pero el futuro de la agrupación (los dos hijos de Miguel) nos tenian una sorpresa preparada. Habían preparado una inauguración oficial de la cúpula con corte de cinta, unas palabritas y un brindis con cava. Subimos todos tras el corte de  la cintaa la azotea para brindar por lo que serán a buen seguro, muchas horas de observación en compañía de familiares y compañeros de agrupación.

 

Seguidamente terminamos la fijación de la cúpula y Miguel colocó su telescopio para una inauguración como es debido. La jormada terminó al fresco nocturno observando algún que otro objeto celeste.

Desde aquí deseamos a Miguel que disfrute de la astronomía en su nuevo observatorio y como se suele decir…. y que nosotros lo veamos.