Conjunción entre Luna y Venus

Conjunción entre la Luna y Venus

En el crepúsculo vespertino del pasado domingo 16 de mayo, los dos objetos más brillantes del firmamento nocturno ofrecían un hermoso espectáculo: la Luna y Venus flotaban juntos sobre el horizonte oeste, en Géminis ella, él en Tauro.

Esta situación de mutuo acercamiento de astros se denomina conjunción (del latín coniunctio: unión, enlace, acuerdo). La más vistosa que puede observarse es precisamente esta de Venus con la Luna. Se trata, además, de una conjunción relativamente frecuente, ya que nuestro satélite recorre las inmediaciones de Venus una vez al mes. No obstante, no todos los meses podemos disfrutar de este espectáculo, debido a que, durante buena parte el año, Venus se coloca en las inmediaciones del Sol (es decir, en conjunción con este) y, por tanto, el resplandor del astro rey vela el brillo del planeta. Otras veces, aunque Venus se encuentre suficientemente alejado del Sol, el momento en que la Luna se le acerca resulta ser durante el día, de modo que, aunque la Luna sí pueda verse, el resplandor de Venus no llega a destacar en el cielo, salvo que se empleen prismáticos y se sepa perfectamente a dónde mirar. Aun así, todo lo que se verá sobre el brillo del cielo diurno será el diminuto punto de luz de Venus próximo a una Luna poco contrastada.

En el momento en que el autor de este post tomó la foto (entre las 22:20 y las 22:45 hora local), cuatro grados y medio separaban a Venus de la Luna. El manto de estrellas de la Vía Láctea, tendido a lo largo de Géminis y Tauro, servía de fondo a su encuentro; lamentablemente, el brillo de la mayor parte de las estrellas cedía ante el intenso resplandor de los dos astros conyugados. Por este motivo, sólo las estrellas más brillantes aparecen en la imagen. A esto se une el hecho de que el cielo aún no estaba completamente oscuro (nótese el tono azul profundo del fondo). Aun así, la magnitud límite de la estrellas se acerca a la novena, lo que se asemeja mucho a la visión real a través de unos binoculares. No es un mal resultado, tratándose de una integración de 30 imágenes de sólo 4 segundos cada una.

Pulsando sobre la imagen para verla ampliada, y prestando cierta atención, pueden apreciarse las estrellas más brillantes del cúmulo abierto M35. Para localizarlo en la imagen, debemos imaginar que la Luna es un reloj, y prolongar la aguja que marcase las once hacia el borde de la foto hasta dos tercios de su longitud.

También destaca la estrella 1 Geminorum a menos de medio grado a la izquierda de nuestro satélite. Es también de reseñar el relativamente elevado número de estrellas dobles dispersas por la imagen: a medio grado de la Luna (longitud equivalente a su diámetro), en dirección a las siete en el reloj, podemos ver una de ellas; y a un grado de Venus, en dirección a las once, aparece otra.

El panorama en su conjunto resulta enormemente evocador. No resultaría difícil imaginarse, cercano al horizonte y recortado sobre el cielo, el perfil de los tejados, las cúpulas y los minaretes de las antiguas Estambul, Bagdad o Samarcanda. Pero lo único que puedo ofrecer son las copas de los árboles de los Jardines de Santo Domingo, frente a mi humilde observatorio jerezano, urbano y domiciliario.

Conjunción tras los pinos

La conjunción tras los árboles de los Jardines de Santo Domingo