Joseph-Jerome Lalande

Joseph-Jerome Lalande

Escrito por Jean-Pierre Luminet y editado por Apóstrofe, en su colección Novela Histórica. Adquirido en Librería Fontana por 6 euros.

En 1716, Edmund Halley ideó un método para intentar medir la distancia de la Tierra al Sol por medio de una paralaje hecha aprovechando los tránsitos que Venus haría por delante del Sol en 1761 y 1769. Diversos observadores del tránsito diseminados por el mundo, dentro de las latitudes a las que el tránsito sería visible, podrían anotar los instantes de unión y de separación de Venus con el Sol y a partir de la media de todas las medidas y teniendo en cuenta los triángulos formados por cada dos observadores y el propio Venus, podría determinarse la distancia al Sol. A partir de esa medida podrían determinarse a su vez las distancias entre los diversos planetas entonces conocidos del sistema solar, a partir de los conocimientos de sus órbitas y otros.

El libro, en un lenguaje llano pero no simple, narra la carrera en la astronomía de Joseph-Jerome Lefrancois Lalande; su contacto con los más célebres astrónomos de París de la época y su participación, como coordinador desde París, en la organización de las diversas expediciones emprendidas por los franceses a través del mundo para cubrir este evento. Da cuenta de los diversos viajes realizados por los astrónomos de la academia francesa destacados al efecto, viajes de varios años de duración y llenos de peligros, derivados del viaje en sí; de las guerras que enfrentaban en toda Europa y diversas colonias americanas, africanas y asiáticas a Inglaterra contra Francia y España; y de las intrigas políticas y académicas que acechaban a los enviados.

Pone especial énfasis en los viajes de Chappe a Siberia y a la Baja California, y sobre todo en el de Guillome Le Gentil a la India (Pondicherry) para la observación del tránsito de 1761, que fracasó por no poder llegar a su destino. En el libro se queda por la zona ocho años más hasta el segundo intento el 3 de junio de 1769, cuando vuelve a fallar por una tormenta y vuelve a París con las manos vacías.

La verdad es que este intento múltiple, que repitieron al mismo tiempo los ingleses en 1769 con el capitán Cook a la cabeza, no dio en principio buenos resultados, pues muchas de las observaciones se vieron entorpecidas por el efecto de la gota negra (un punto negro que aparece justo antes y después del contacto de Venus y la estrella) y también por la dificultad que aún existía en determinar con precisión la localización geográfica, especialmente la longitud, de cada zona de observación.

Ahora bien, esta gran operación puede destacarse en la historia de la ciencia por diversas circunstancias: en

Reina Lapaute

Reina Lapaute

primer lugar por tratarse de uno de los intentos pioneros de colaboración internacional, en una especie de República de las Ciencias que superase las rivalidades políticas y de secretismo del conocimiento que imperaba hasta entonces (y hasta mucho después, a decir verdad), pues en la empresa prestaron su colaboración más de 150 astrónomos académicos y muchos otros aficionados de todo el planeta. En segundo lugar, porque en ella tuvo también su participación una mujer astrónoma y matemática, Reina Lepaute, que demuestra a muchos que las mujeres son tan capaces como los hombres de lograr grandes metas científicas, entre ellas el cálculo de muchas tablas de efemérides para la navegación, las fechas en que tendrían lugar los tránsitos, el tiempo de un eclipse solar o la fecha de regreso del cometa Halley, que otros predijeron de forma equivocada. En tercer lugar porque algunas décadas después, en 1835, superadas las guerras entre Francia e Inglaterra, Franz Encke, director del observatorio de Berlín, pudo tener acceso a todas las mediciones de aquellos tránsitos y, añadiéndole las posiciones geográficas de los diversos lugares de observación, ahora mucho mejor precisados, pudo obtener un valor para la paralaje solar de 153.000.000 de kilómetros, es decir, una medida muy precisa. De manera que por fin la empresa tuvo éxito, si bien más de medio siglo después de culminada la accidentada recogida de datos.

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