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Cuando escribo estas líneas, la lanzadera Discovery acaba de acoplarse a la Estación Espacial Internacional. Sólo hora y media antes, ambos artefactos, aún separados,  sobrevolaban el territorio de España, ofreciendo a quienes lo contemplábamos un espectáculo deslumbrante.

Con puntualidad astronómica, el destello de la Estación Espacial Internacional asomó por encima del horizonte del oeste, débil al principio, pues el satélite aún se hallaba sobre el Atlántico, por encima de la isla de Madeira. Mas, conforme iba ganando altura, acercándose a la vertical de nuestra ciudad, su brillo se acrecentaba. Al minuto de haberse hecho visible, cuando ya sólo Venus lo superaba en claridad, otro punto apareció en el cielo, siguiéndole muy de cerca: era el transbordador, que hacía breves horas había iniciado la maniobra de acoplamiento con la Estación.

Cercanos al cénit, estos dos luceros obra del ingenio humano surcaban lentos el firmamento azul del crepúsculo. Deslizándose en el espacio entre Perseo y Casiopea, casi rozando el Doble Cúmulo y distantes sólo algo más que el tamaño de la Luna llena, conformaban un suerte de estrella doble de inusual resplandor.

En su descenso hacia el norte, su brillo fue declinando despacio. Al sobrevolar los Pirineos, parecían mucho más juntos, no tanto por su acercamiento real (que en verdad estaba produciéndose, según se aproximaba la hora del acoplamiento), como por su mayor distancia al observador, que en aquel momento era más de dos veces la del momento de máxima cercanía.

El fulgor de los dos objetos se desvaneció al borde del horizonte apenas cinco minutos desde su orto, mientras los siete tripulantes del transbordador veían aproximarse la Estación y, bajo ellos, centelleaban las luces amarillas de las ciudades en la negrura de la Europa anochecida.

Hora y media después, a 355 kilómetros de altura sobre Australia occidental, se completaba el acoplamiento.

De camino hacia casa, emocionado aún por el evento, al autor de este artículo le vino una pregunta: ¿a qué distancia estaba el Discovery de la Estación Espacial al momento de su avistamiento? Vistos desde tierra, el espacio entre ambos no era muy superior al tamaño aparente de la Luna llena, pudiendo estimarse en unos 45 minutos de arco. Conociendo que, en el instante de máxima proximidad a la vertical de Jerez, la Estación se encontraba a 459 km de distancia en línea recta (según los datos de Heavens Above), podemos hacer el siguiente cálculo:

1. 459 km de radio corresponden a una circunferencia de 2.834 km, por aplicación de la consabida fórmula de la longitud de la circunferencia (2πr).

2. Un ángulo de 45 minutos de dicha circunferencia subtiende un arco de 8 km de longitud (2.834 / 360 * (45/60)).

De manera que, cuando la Estación estaba alta en el cielo de Jerez, el transbordador se hallaba a 8 km de ella.

Este cálculo se basa en la suposición de que ambos objetos se hallasen a la misma altura sobre la Tierra. En realidad, el Discovery estaba varios cientos de metros por debajo de la Estación, de modo que la distancia real era algo superior.

Aplicando un razonamiento análogo, y conociendo que la Estación Espacial mide 93 metros de ancho, podemos obtener que los astronautas del Discovery verían a la Estación a 8 km de distancia como un objeto de unos 40 minutos de tamaño angular aparente, es decir, algo más que el diámetro de la Luna llena. Otra cuestión sería determinar si la tenue luz del crepúsculo la iluminaría lo suficiente como para poder distinguirla.

Sea como fuere, la visión desde Tierra ya era de por sí suficientemente conmovedora.

 

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