Conjunción Luna - Venus del 26 de marzo de 2012

Conjunción Luna - Venus del 26 de marzo de 2012

La imagen de este post fue tomada por el autor el pasado lunes 16 de marzo. Muestra una conjunción entre la Luna y Venus infrecuentemente estrecha, de poco más de dos grados de separación angular. A cualquiera que aquella tarde mirase hacia el cielo del Oeste, le resultaría, cuando menos, llamativa la cercanía de los dos astros. Como a mí, a alguno  probablemente la estampa le recordase a la bandera de Turquía.

Bandera de Turquía

Bandera de Turquía

La insignia de este país, como vemos, muestra una Luna menguante casi rozando por su lado en sombra a una brillante estrella de cinco puntas. Si aceptamos Venus como estrella y dejamos pasar la Luna creciente en lugar de la menguante, realmente la conjunción del pasado martes tenía cierta semejanza con la enseña nacional del pueblo otomano. El fondo, ciertamente, no era rojo pero, curiosamente, como la conjunción tuvo lugar hacia el final del crepúsculo, cercana ya la noche cerrada, el cielo presentaba un precioso color azul muy oscuro que recibe el nombre, precisamente, de turquí.

Cuando se dan las circunstancias adecuadas, es posible ver auténticas banderas de Turquía en el cielo, con Venus acariciando el limbo ensombrecido de la Luna menguante. Para ello, es preciso que Venus aparezca como el lucero de la mañana, ya que sólo de este modo puede coincidir con la Luna menguante; por otra parte, la conjunción debe ocurrir en un momento en el cual los astros estén por encima del horizonte local (la Tierra no es transparente) y el Sol, preferiblemente, por debajo del mismo (es decir, que sea de noche, aunque en realidad, Venus y la Luna son tan brillantes que pueden llegar a apreciarse a pleno día). No es frecuente que todas estas circunstancias sean simultáneas: así, por ejemplo, el próximo 13 de agosto de 2012, a las 22:20, Venus rozará el lado en sombra de la Luna menguante, pero en ese momento ambos astros estarán 32º por debajo de nuestro horizonte local. No es un gran problema: si verdaderamente deseamos contemplar en el cielo una bandera turca tejida por la naturaleza, nos bastará con desplazarnos a Mongolia interior (3:47 del 14 de agosto, hora local); de hecho, la “conjunción turca” irá precedida, una hora antes, de la ocultación de Venus por la Luna, un fenómeno aún más extraordinario.
"Conjunción turca" de agosto de 2012, desde Mongolia interior

"Conjunción turca" de agosto de 2012, desde Mongolia interior.
Simulación en Starry Night Pro.

Los turcos, por tanto, pueden contemplar su bandera en el cielo si dedican algún tiempo a hacer cálculos astronómicos y están dispuestos a viajar para estar en el lugar oportuno y en el momento justo. Más difícil lo tienen los paquistaníes, los mauritanos o los tunecinos, que precisarían algo así como un cataclismo cósmico. Un vistazo a sus banderas nos bastará para comprender por qué.

Bandera de Mauritania

Bandera de Mauritania

Bandera de Pakistán

Bandera de Pakistán

Bandera de Túnez

Bandera de Túnez

Era la hora en que concluía el crepúsculo náutico. El Sol había descendido doce grados por debajo del mar. Por encima de este, unas nubes altas y lejanas teñían de encarnado el horizonte. Más arriba, conforme la vista ascendía hacia el cénit, el aire iba pasando por todas las tonalidades del azul, desde el cian más tenue hasta el zafiro más intenso. Mucho más allá de nuestra atmósfera, y brillando a través de ella, los planetas Venus, Marte y Saturno coincidían en su danza orbital formando una conjunción que adoptaba la figura de un triángulo casi equilátero flotando sobre las aguas atlánticas. Por último, en los mismos confines del alcance de nuestros ojos, algunas estrellas de la constelación de Virgo (Pórrima, Zaniah, Zavijava) comenzaban a apreciarse, muy débiles aún en el fulgor del ocaso.

Conjunción de Venus, Marte y Saturno sobre el Atlántico. Foto del autor tomada el 4 de agosto de 2010. Sony F717, 5" de exposición a f/2 e ISO 100.

El cuadro que la naturaleza ofrecía en aquel momento era un regalo para los enamorados, con Venus, la misma diosa del amor, presidiendo la escena. Pero el fiero Marte, el dios de la guerra, junto a ella, nos recordaba que, en ese mismo punto de la costa gaditana, hace 199 años (un suspiro en términos astronómicos), diez mil españoles, dispuestos a liberar a Cádiz de su asedio y auxiliados por algo más de cinco mil aliados británicos y portugueses, trababan batalla con otros diez mil soldados del invasor ejército imperial francés. La contienda dejó cerca de cuatro mil cadáveres sobre las arenas, franceses en su mayoría, pero no decidió nada: las gaditanas volvieron a hacerse tirabuzones con las bombas que los fanfarrones siguieron tirando, y Saturno, el tiempo, prosiguió su discurrir mientras los planetas, ajenos a esos mínimos movimientos de materia orgánica sobre la corteza terrestre, continuaban el sereno trazado de sus órbitas.

Conjunción entre Luna y Venus

Conjunción entre la Luna y Venus

En el crepúsculo vespertino del pasado domingo 16 de mayo, los dos objetos más brillantes del firmamento nocturno ofrecían un hermoso espectáculo: la Luna y Venus flotaban juntos sobre el horizonte oeste, en Géminis ella, él en Tauro.

Esta situación de mutuo acercamiento de astros se denomina conjunción (del latín coniunctio: unión, enlace, acuerdo). La más vistosa que puede observarse es precisamente esta de Venus con la Luna. Se trata, además, de una conjunción relativamente frecuente, ya que nuestro satélite recorre las inmediaciones de Venus una vez al mes. No obstante, no todos los meses podemos disfrutar de este espectáculo, debido a que, durante buena parte el año, Venus se coloca en las inmediaciones del Sol (es decir, en conjunción con este) y, por tanto, el resplandor del astro rey vela el brillo del planeta. Otras veces, aunque Venus se encuentre suficientemente alejado del Sol, el momento en que la Luna se le acerca resulta ser durante el día, de modo que, aunque la Luna sí pueda verse, el resplandor de Venus no llega a destacar en el cielo, salvo que se empleen prismáticos y se sepa perfectamente a dónde mirar. Aun así, todo lo que se verá sobre el brillo del cielo diurno será el diminuto punto de luz de Venus próximo a una Luna poco contrastada.

En el momento en que el autor de este post tomó la foto (entre las 22:20 y las 22:45 hora local), cuatro grados y medio separaban a Venus de la Luna. El manto de estrellas de la Vía Láctea, tendido a lo largo de Géminis y Tauro, servía de fondo a su encuentro; lamentablemente, el brillo de la mayor parte de las estrellas cedía ante el intenso resplandor de los dos astros conyugados. Por este motivo, sólo las estrellas más brillantes aparecen en la imagen. A esto se une el hecho de que el cielo aún no estaba completamente oscuro (nótese el tono azul profundo del fondo). Aun así, la magnitud límite de la estrellas se acerca a la novena, lo que se asemeja mucho a la visión real a través de unos binoculares. No es un mal resultado, tratándose de una integración de 30 imágenes de sólo 4 segundos cada una.

Pulsando sobre la imagen para verla ampliada, y prestando cierta atención, pueden apreciarse las estrellas más brillantes del cúmulo abierto M35. Para localizarlo en la imagen, debemos imaginar que la Luna es un reloj, y prolongar la aguja que marcase las once hacia el borde de la foto hasta dos tercios de su longitud.

También destaca la estrella 1 Geminorum a menos de medio grado a la izquierda de nuestro satélite. Es también de reseñar el relativamente elevado número de estrellas dobles dispersas por la imagen: a medio grado de la Luna (longitud equivalente a su diámetro), en dirección a las siete en el reloj, podemos ver una de ellas; y a un grado de Venus, en dirección a las once, aparece otra.

El panorama en su conjunto resulta enormemente evocador. No resultaría difícil imaginarse, cercano al horizonte y recortado sobre el cielo, el perfil de los tejados, las cúpulas y los minaretes de las antiguas Estambul, Bagdad o Samarcanda. Pero lo único que puedo ofrecer son las copas de los árboles de los Jardines de Santo Domingo, frente a mi humilde observatorio jerezano, urbano y domiciliario.

Conjunción tras los pinos

La conjunción tras los árboles de los Jardines de Santo Domingo

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