Desde los tiempos de la carrera espacial entre los EEUU y la URSS ha habido grandes críticas a los gastos derivados de la exploración especial. Se ha dicho que ese dinero hubiera sido mejor invertirlo en reducir el hambre en el mundo, por ejemplo.

Hay que tener en cuenta que la carrera espacial tuvo al principio una motivación política y militar. Ninguna de las dos superpotencias quería que la otra dominara el espacio porque temían que pudieran usarlo como plataforma de ataques nucleares.

El final de la guerra fría y la caída de la URSS supusieron el inicio de la colaboración espacial entre las potencias y de la exploración espacial con fines científicos.

Los costes de la exploración del espacio no son tan altos como parecen. Este año, por ejemplo, los presupuestos de la NASA equivalen al 2,7% del gasto militar de los EEUU. (19.000 M$ contra 708.000 M$)

Es cierto que el proyecto Apollo, que puso al hombre en la Luna, supuso un gasto proporcionalmente mayor pero aún así se calcula que los “retornos de la misión”, como los llaman los economistas, fueron de más de 20 dólares por cada dólar invertido.

Aparte de los beneficios puramente económicos se han derivado muchísimos más en los ámbitos científicos y tecnológicos. Los retos que ha habido que resolver han creado nuevas tecnologías, nuevos sistemas y nuevos materiales. En definitiva ha habido que buscar nuevas soluciones a nuevos problemas.

Lógicamente ha supuesto un gran avance en la Ingeniería Aeroespacial.

La necesidad de reducir el peso y el volumen de los equipos electrónicos abordo de las naves impulsó el desarrollo de los circuitos integrados y los chips. Tecnología que posteriormente supuso una revolución en la Electrónica, las Telecomunicaciones, la Informática y la Robótica.

La medicina espacial ayudó considerablemente al desarrollo de las técnicas de exploración biomédicas como la resonancia magnética, los Tacs, las ecografías, los termómetros digitales, la cirugía láser, las máquinas de diálisis, los audífonos, la telemedicina y un largo etc.

La Meteorología ha cambiado radicalmente a partir del uso de los satélites meteorológicos y de los grandes supercomputadores.

En Matemáticas se hicieron necesarios grandes avances en el cálculo de las trayectorias y en el desarrollo de modelos numéricos de gran complejidad.

Lógicamente la Astronomía se ha beneficiado bastante con los telescopios espaciales y las sondas planetarias.

Mejoró la tecnología de los alimentos con las comidas liofilizadas, las máquinas de análisis y depuración de aguas y las técnicas de aislamiento térmicos.

Los satélites han hecho posible las comunicaciones globales, los sistemas de  posicionamiento y el seguimiento de los recursos pesqueros, minerales, agrícolas y forestales.

Se han descubierto nuevos materiales más resistentes a los cambios de temperatura, más ligeros, más tenaces o con propiedades casi mágicas. Ha habido un gran desarrollado de la Nanotecnología.

Sólo la Nasa tiene registrados 6.300 patentes. A eso hay que sumar muchas más registradas por las empresas que trabajan para ella.

Está claro que la exploración espacial ha producido un impacto en nuestra vida cotidiana mayor de lo que normalmente se cree.

De todas formas, la principal razón de la exploración espacial es la de dar salida al impulso natural por ampliar nuestras fronteras físicas y del conocimiento. Ese mismo impulso que nos hizo salir de las cavernas y dejar de ser una especie huidiza y débil y convertirnos en dueños de nuestro futuro.

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