La vista del hombre, como sabemos, es tridimensional: el hecho de contar con dos ojos nos permite apreciar la profundidad de los escenarios en los que nos movemos. En efecto, entre nuestras dos pupilas media una distancia de unos 6 o 7 centímetros, y ello hace que la imagen que cada ojo percibe sea ligeramente diferente. Cuando estas dos imágenes, convertidas por la retina en impulso nervioso, alcanzan la zona del cerebro encargada de procesarlas (el cortex visual), son fundidas en una sola, que está dotada de sensación de profundidad. Por eso decimos que nuestra visión es estereoscópica.

Sin embargo, este sistema de visión estereoscópica con el que la naturaleza nos ha dotado tiene sus limitaciones: puesto que la base del mismo es la diferencia entre las imágenes recogidas por cada ojo, nos encontramos con que, cuando los objetos están muy lejanos, ambos ojos perciben exactamente la misma imagen y, por tanto, perdemos la noción de profundidad.

Y, cuando de objetos lejanos se trata, ninguno lo es tanto como los cuerpos celestes. Por este motivo, percibimos visualmente el cielo nocturno como un manto de estrellas en el que la tercera dimensión parece por entero ausente. Sin embargo, como tantas otras veces ocurre con nuestra percepción del universo, esto es una imagen falseada por la limitación de nuestros sentidos. En realidad, entre estos objetos que nos parecen dispuestos en una bóveda, existen verdaderos abismos.

La fotografía que protagoniza esta entrada es un buen ejemplo de ello. Se trata de una imagen tomada por el autor en el lugar de observación de Magallanes en Calar Alto (Almería), en las cercanías del Centro Astronómico Hispano Alemán, durante la madrugada del 22 de agosto de 2009. En ella apreciamos un campo de estrellas sobre el que destacan dos objetos: una galaxia en la esquina superior izquierda y un cúmulo globular en la esquina inferior derecha. Ambos cuerpos parecen flotar entre las estrellas, sin que podamos intuir profundidad alguna en el conjunto. Sin embargo, el estado actual de la ciencia astronómica nos permite aportar ciertos datos que nos ayudarán a entender lo que en realidad estamos viendo.

Constelación de Sculptor: estrellas de la Vía Láctea, cúmulo globular NGC 288 y galaxia NGC 253

Constelación de Sculptor: estrellas de la Vía Láctea, cúmulo globular NGC 288 y galaxia NGC 253

En primer lugar, convendría recordar cuál es la estructura de nuestra galaxia y cuál es el lugar que ocupamos dentro de ella. Las estrellas de la Vía Láctea, como nuestro Sol, se encuentran dispuestas en un disco aplanado que rodea un denso núcleo. La distancia que nos separa de dicho núcleo es de 28.000 años-luz. El grosor de este disco, por otra parte, es de unos 1.000 años-luz. Pues bien, cuando esta imagen fue obtenida, la cámara estaba apuntando casi exactamente hacia “abajo” del disco de la galaxia, entendiendo por “abajo” la dirección perpendicular al disco en sentido sur. Si la galaxia fuera un DVD sostenido horizontalmente por una mano, y la Tierra fuese una motita suspendida en el interior del grosor del disco, estaríamos mirando justo hacia el suelo. En esta dirección (que, con propiedad, se denomina el sur galáctico), lo primero que vemos es una nube de estrellas pertenecientes a la constelación de Sculptor que se prolonga aproximadamente 500 años-luz (recordamos: el disco tiene un grosor de 1.000 años luz y nos hallamos en un punto más o menos equidistante de sus límites inferior y superior). Si, en lugar de hacia “abajo” de la galaxia, estuviéramos mirando hacia su centro, en dirección a la constelación de Sagitario, esta nube tendría una profundidad no de 500, sino de 28.000 años-luz y, por tanto, se nos mostraría con una densidad de estrellas mucho mayor. En nuestra foto, por tanto, el campo estelar es relativamente pobre, y ello a pesar de que el contaje automatizado de estrellas nos arroja un número aproximado superior a las 9.000.

Más allá del disco de la galaxia aparece el halo, un espacio elipsoide que rodea al núcleo y al disco y en el que gravitan más de 150 cúmulos globulares, agrupaciones esféricas de cientos de miles de estrellas. Uno de ellos, situado precisamente “debajo” de nuestro Sol, y a una distancia de 28.700 años-luz, es el que aparece en la imagen, denominado NGC 288, cuyo tamaño es de algo más de 100 años-luz. Su aspecto en la foto es el de una nebulosidad salpicada de débiles estrellas, pero debemos imaginárnoslo como otra nube de estrellas similar a las que figuraban en primer plano, aunque mucho más distante, compacta y rica.

Finalmente, en la misma dirección que este cúmulo, pero mucho, mucho más distante, tan distante como 12 millones de años luz, se halla la galaxia de Sculptor (NGC 253). Esta galaxia es la que da nombre al Grupo de Sculptor por ser la más conspicua del mismo. Su estructura es similar a la de nuestra Vía Láctea, si bien es algo más pequeña (70.000 años-luz de diámetro frente a los 100.000 de nuestra galaxia). Aun así, al verla en la imagen debemos ser conscientes de que, en ese borrón amarillento residen, como diría Carl Sagan, “miles y miles de millones” de estrellas, con decenas de cúmulos globulares (que, desde luego, no pueden apreciarse en la foto) revoloteando a su alrededor.

Por tanto, en esta imagen bimensional se ocultan tres planos perfectamente diferenciados:

  1. la nube de estrellas que se encuentran en las cercanías de nuestro Sol (0 a 500 años-luz),
  2. el cúmulo globular que gravita en el halo galáctico (28.700 años-luz), y
  3. más allá de los confines de la Vía Láctea, otra galaxia similar a la nuestra (12 millones de años-luz).

Las distancias, desde luego, superan tan ampliamente nuestra experiencia cotidiana que son difícilmente comprensibles para los no iniciados. Por eso proponemos el ejercicio de convertirlas a una escala humana, trasladando el escenario de la foto a un paisaje nocturno a la orilla del mar, y haciendo que los años-luz se conviertan en milímetros. De este modo:

  • Las estrellas del primer plano serían una nube de luciérnagas en torno a nosotros que se extiende hasta medio metro de distancia (por cierto, el fotógrafo sería un electrón a lomos de una luciérnaga más)
  • El cúmulo globular podría ser la luz de un farol de 11 centímetros suspendido sobre la popa de una barca situada a 30 metros.
  • La galaxia de Sculptor se vería igual que un buque mercante de 70 metros de eslora navegando 11 kilómetros mar adentro.

Afortunadamente, la Naturaleza nos ha suplido nuestra limitada visión estereoscópica con un cerebro capaz de imaginar y de entender, siquiera por analogía, el Universo en el que existimos.

Tras un merecido descanso, radiopeste pasado Jueves retomamos la emisión de nuestro programa de radio.

Volvemos con ilusión, muchas ganas y novedades. Entre ellas, destacamos la inauguración del podcast del programa. Estará disponible para todos los visitantes del blog, la escucha del programa o su descarga para que disfruteis de él cuando querais.

El enlace lo teneis en la barra de la derecha, debajo del logo del programa.

El Año Internacional de la Astronomía celebra las“NOCHES DE GALILEO”

 Noches de Galileo

  • Más de 70 actividades se celebran simultáneamente en todo el territorio nacional dirigidas a mostrar a todo el mundo las maravillas que Galileo observó a través de su telescopio hace más de 400 años.
  • La Agrupación Astronómica Jerezana Magallanes instala en la Alameda Vieja una maqueta a escala del Sistema Solar de un tamaño real de 90 metros y pone sus telescopios a disposición de los asistentes.

En el año 1609 Galileo Galilei apuntó por primera vez al cielo con un telescopio. Fue el comienzo de 400 años de descubrimientos que aún continúan. El 27 de Octubre de 2006 la Unión Astronómica Internacional (UAI) anunció la declaración por la UNESCO del 2009 como el Año Internacional de la Astronomía (IYA2009), ratificada por la ONU el 19 de Diciembre de 2007.

El Año Internacional de la Astronomía (IYA2009) representa una celebración global de la Astronomía y de su contribución a la sociedad, a la cultura, y al desarrollo de la humanidad.

Su objetivo principal es motivar a los ciudadanos de todo el mundo a replantearse su lugar en el Universo a través de todo un camino de descubrimientos que se inició hace ya 400 años.

Esta iniciativa ha dado lugar al surgimiento de la mayor red de divulgación científica que ha existido en nuestro país, con unas 150 entidades integradas en la red española para el AIA-IYA2009, entre las que se cuenta la Agrupación Astronómica Magallanes de Jerez de la Frontera.

Actividades repartidas por todo el globo terráqueo pretenden estimular el interés por la Astronomía y la Ciencia en general; desde su influencia en nuestras vidas diarias hasta cómo el conocimiento científico puede contribuir a un mundo más libre e igualitario.

El Año Internacional de la Astronomía 2009 se sustenta sobre doce proyectos pilares. Se trata de doce programas globales centrados en una serie de temas que cubren los principales objetivos del Año Internacional; desde el apoyo y promoción de la mujer en la Astronomía, hasta la preservación del cielo oscuro, pasando por la educación y la enseñanza de los fundamentos del Universo a millones de personas.

Uno de estos doce proyectos pilares lo constituye “Las Noches de Galileo”, cuyo objetivo es mostrar a todo el mundo, y durante todo un fin de semana, las maravillas que Galileo observó a través de su telescopio hace 400 años.

El fin de semana elegido es el del 22 al 24 de octubre, y España se une a este proyecto en el que astrónomos amateur y profesionales de todo el mundo “tomaran” las calles para mostrar el Sol, los satélites de Júpiter, nuestra Luna, y las muchas maravillas que hay en el cielo.

Las Noches de Galileo en Jerez

La Agrupación Astronómica Jerezana Magallanes lleva a nuestra ciudad esta iniciativa con una plantada pública de telescopios, mediante la cual esta sociedad científica pondrá parte de su instrumental a disposición de los asistentes, con el fin de mostrarles qué fue lo que Galileo descubrió cuando apuntó su telescopio hacia los cielos: las manchas solares, los cráteres de la Luna, las lunas de Júpiter o los anillos de Saturno.

El evento tendrá lugar el sábado 24 de octubre, en la Alameda Vieja, a partir de las 6 de la tarde y hasta las 10 de la noche.

Una maqueta de 90 metros

Durante todo el evento, permanecerá instalada una maqueta del Sistema Solar que abarcará toda la longitud de la Alameda Vieja, desde el templete hasta la entrada del aparcamiento, cubriendo una distancia de 90 metros. Esta maqueta representará fielmente los tamaños relativos del Sol y de los ocho planetas del Sistema Solar, así como la distancia real existente entre ellos. De este modo, el Sol se representará con un diámetro de más de 3 metros, mientras que nuestra Tierra será una pequeña esfera de algo más de dos centímetros situada a 3 metros del mismo. Neptuno, el planeta más alejado del Sol, será una esfera de unos 20 centímetros colocada a 90 metros, en el otro extremo de la Alameda.

Esta maqueta permitirá a todos, grandes y pequeños, constatar con sus propios ojos las enormes distancias y tamaños que en la realidad nos separan de los objetos que podrán ver a través de los telescopios.

Septiembre 09
El 22 de septiembre, a las 21:18 T.U., el Sol se sitúa en el ecuador celeste, en la constelación de Virgo, y el día y la noche duran lo mismo en todo el mundo. Se inicia el otoño en el hemisferio norte y la primavera en el sur, es el Equinoccio Autumnal.

Este mes los cielos se verán dominados hacia el norte por Pegasus y Cepheus, con Cassiopeia entre ambas. En la zona sur aparecen constelaciones más débiles, como Pices, Aquarius y Capricornus. En Aquarius podremos observar la famosa Fomalhaut, blanquiazul, una de las estrellas más brillantes del cielo nocturno, alcanzando la magnitud 1 y situada a unos 22 años luz de distancia, que nos recuerda “El ojo de Sauron”. Se piensa que es una estrella muy joven, con una edad aproximada de solo 200 millones de años.

Dominando el cielo norte se encuentran  Pegasus y Andrómeda. En Andrómeda no hay que dejar pasar la oportunidad de ver M31 con sus
compañeras M32 y M110. En Pegasus  M15, NGC 7662 (blue snowball) y para los más atrevidos el quinteto de Stephan. En  En Aquarius podemos observar dos  famosas nebulosas planetarias: La Nebulosa de la Hélice (NGC 7293), siendo la nebulosa más cercana a nosotros, y la Nebulosa Saturno (NGC 7009), la cual debe su nombre porque parece estar rodeada de anillos. Ambas nebulosas no son fáciles de encontrar con pequeños telescopios.

LOS PLANETAS

Mercurio será inobservable dada su cercanía al sol. Los últimos días del mes hará una tenue aparición en el amanecer.

Venus se observará antes de los amaneceres, aunque poco a poco irá apareciendo más cerca del amanecer.

Marte irá ganando altura y se empezará a observar un poco después de la medianoche hasta el amanecer.

Júpiter dominará los cielos, pudiéndose observar prácticamente durante casi toda la noche, ocultándose un poco antes del amanecer.
Saturno, dada su cercanía al sol, prácticamente será inobservable.

Vista panorámica del Centro Astronómico Hispano Alemán "Calar Alto".

Vista panorámica del Centro Astronómico Hispano Alemán "Calar Alto".

En todo astrónomo aficionado podemos encontrar una común actitud, que compartimos con montañeros, submarinistas, ornitólogos o espeleólogos: el asombro ante la Naturaleza.

No obstante, esa Naturaleza ante la cual nos sobrecogemos nos es con frecuencia esquiva. Unas veces nos cubre el cielo con un manto de nubes; otras, nos azota en la noche con incómodos vientos; en ocasiones, nos enturbia el aire con la humedad del ambiente o con polvo venido del desierto; y, puntualmente, durante una semana de cada mes, el fulgor de la Luna llena vela el débil destello de los cuerpos que se alojan en lo más profundo del cielo.

Aun así, el firmamento nos sigue regalando  un gran número de noches claras y serenas. Noches que, tristemente, no podemos disfrutar desde nuestras ciudades, ni desde sus campiñas, a causa de la acción del hombre: las mismas luces que hemos colocado para iluminar nuestras calles, monumentos e industrias brillan intensas bajo el cielo, ocultando a nuestra vista los tesoros de este.

En este escenario, la huida es el último recurso que le resta al astrónomo aficionado: la evasión a cielos aún no contaminados por la luz artificial, a elevadas cumbres alejadas de la urbe, donde además el aire está limpio de polvo, los vientos se sosiegan y el ambiente es más frío y seco.

En este éxodo al que se ve forzado el astrónomo aficionado en nuestros días, la Agrupación Astronómica Jerezana Magallanes se desplaza cada año al pico más alto la almeriense Sierra de los Filabres: Calar Alto, donde se ubica el Centro Astronómico Hispano Alemán, que constituye el observatorio más importante de la Europa continental. La expedición de este año tuvo lugar los días 20 al 23 de agosto, coincidiendo con la fase de Luna nueva, y contó con una dotación de seis miembros de la Agrupación y varios invitados. Con el fin de no interferir en los trabajos científicos desarrollados en el Centro, el lugar de observación elegido fue una explanada situada a 5 kilómetros en línea recta de las cúpulas. En otra explanada contigua al observatorio, la expedición trabó contacto con otro grupo de astrónomos aficionados, de nacionalidad alemana y provistos de un equipo de altísimas prestaciones, con los que se sostuvieron interesantes cambios de impresiones.

Miembros de la expedición

Miembros de la expedición

El instrumental transportado al lugar de observación consistió en el siguiente equipamiento:

  • Un telescopio reflector tipo Newton de 200 cm. sobre montura alemana motorizada, principalmente destinado a la astrofotografía.
  • Dos telescopios catadióptricos tipo Schmidt-Cassegrain de 200 cm. sobre montura de horquilla, computarizados y dotados de GPS.
  • Dos telescopios refractores computarizados de 70 cm.
  • Varios prismáticos de diseño especializado para la observación astronómica.
  • Material auxiliar habitual, como oculares de amplio campo, láseres, filtros, cámaras, etc.

En cuanto a las actividades realizadas, se relacionan a renglón seguido:

1. Observación directa:

1.1. A ojo desnudo:

1.1.1.  Identificación de constelaciones. A este respecto, es de destacar que la excelente calidad del cielo permitió a la expedición la identificación de determinadas constelaciones que, desde el habitual lugar de observación de Magallanes, ubicado en la campiña jerezana, resultan extremadamente difíciles de reconocer en su integridad. Algunas de ellas, por tratarse de constelaciones australes, que sólo ascienden unos pocos grados sobre el horizonte, y entre las que podríamos citar las siguientes: 

  • Corona Australis
  • Telescopium
  • Microscopium
  • Sculptor
  • Grus
  • Phoenix
  • Fornax
  • Eridanus
  • Caelum

En otras, su dificultad obedece a que la mayor parte de sus estrellas son particularmente débiles y, por tanto, invisibles desde cielos de inferior calidad:

  • Lacerta
  • Cetus
  • Pisces
  • Camelopardalis

 1.1.2.  Evaluación de la calidad del cielo. Al objeto de medir científicamente el grado de excelencia del cielo de Calar Alto, se emplearon dos sistemas: 

  • Estimación de la magnitud límite estelar (MALE). La medición consistió en la realización de un conteo de estrellas de una muestra de determinadas regiones de la bóveda celeste cercanas al cénit, extraído del promedio de los valores obtenidos por tres observadores experimentados a través de un recuento visual. El valor obtenido fue de 5,9, con una escasa desviación típica. 
  •  Determinación de la oscuridad del cielo en la escala de Bortle. Esta escala emplea parámetros como el MALE, la detección a simple vista de determinados objetos de cielo profundo, la apreciación de la estructura de la Vía Láctea, la visibilidad del entorno de superficie o la existencia de cúpulas de contaminación lumínica para medir el grado de oscuridad del cielo en un determinado lugar de observación. El valor estimado para Calar Alto fue de 3 sobre 9, correspondiente a un cielo rural.

La calidad del cielo obtenida mediante ambos sistemas resulta inferior a la esperada de acuerdo con las mediciones efectuadas en el estudio The Night Sky at the Calar Alto Observatory, en el que se revela que “Calar Alto es un lugar particularmente oscuro para la observación óptica”.

1.2.    Mediante prismáticos. Esta observación se centró en la observación de objetos de cielo profundo de gran tamaño, como la Nebulosa Norteamérica o la Nebulosa del Velo. El autor de este informe destaca particularmente la observación del campo delimitado por µ y ζ Scorpii, de unos 5º, en el que destacan simultáneamente, de norte a sur, la estrella doble óptica µ Scorpii, el pequeño cúmulo abierto NGC 6242, el enorme cúmulo abierto Trumplet 24 envuelto en la nebulosidad de IC 4628, el esplendoroso cúmulo abierto NGC 6231 y el asterismo formado por ζ Scorpii y sus dos estrellas adyacentes. Este conjunto, visto a través de prismáticos, forma una de las más hermosas estampas del firmamento. 

1.3.    Mediante telescopio.

1.3.1.   Observación planetaria. A lo largo de la noche, pudieron observarse, por orden de salida, los planetas Júpiter, Neptuno, Urano (visible a simple vista), Marte y Venus. 

1.3.2. Objetos de cielo profundo.

  • Objetos habituales (M13, M16, M17, M8, M20, M4, M51, M57, M22, M31, C13, C14, etc.): su observación resultó de interés para determinar las diferencias que afloran al compararlos con el aspecto que muestran en un cielo contaminado. 
  • Objetos seleccionados (C6, C15, C22, M78, etc.): se observaron determinados objetos que, en cielos más contaminados, se encuentran en el límite de visibilidad o más allá de este. 

2. Captación fotográfica. El instrumental astrofotográfico de la expedición se empleó para la realización de las siguientes actividades:

2.1.    Fotografía circumpolar.

circumpolar-calar-alto

Fotografía circumpolar, por Sergio

2.2.    Astrofotografía mediante cámara adosada a telescopio (piggyback). Mediante el empleo de la montura ecuatorial alemana, se obtuvieron tomas del Doble Cúmulo de Perseo, la Galaxia de Andrómeda, la Galaxia del Escultor y de las Pléyades.

Doble Cúmulo de Perseo, por Sergio.

Doble Cúmulo de Perseo, por Sergio.

2.3.    Astrofotografía a foco primario. Para ello se utilizó el telescopio Meade ETX-200, con el cual se capturó, entre otros objetos, la Gran Nebulosa de Orión.

Al momento de la publicación de este post, las imágenes obtenidas están en fase de procesado. A su conclusión, serán presentadas en un nuevo post.

Agosto 09

La estrella Vega, junto con Deneb (en la constelación Cignus) y Altair (en la constelación Aquila) forman el denominado Triángulo de Verano, que sigue dominando  las noches del caluroso agosto. En la constelación del Cisne (Cygnus) destacamos a una de sus integrantes, Albireo, situada en la cabeza de la constelación. Se trata de una estrella triple y es considerado como uno de los sistemas múltiples más bellos y fascinantes del cielo. Su estrella principal es una estrella gigante dorada y su compañera es una estrella enana azul y cuando son contempladas ambas al mismo tiempo, los colores de una realzan los de la otra, las cuales se pueden separar con un pequeño telescopio. La estrella principal, además, es en realidad una estrella doble, formada por una estrella gigante y otra enana, pero tan próximas una de la otra que es casi imposible separarlas con un telescopio.

Este mes podremos disfrutar de la famosa lluvia de meteoros de las Perseidas, popularmente conocidas como las Lágrimas de San Lorenzo, la más importante del año. Su actividad se inicia a finales de julio y alcanza su plenitud el 12 de agosto y se caracterizan por ser muy brillantes y tener una gran frecuencia (llegando a alcanzar una media de 1 meteroro por minuto). Su radiante es la constelación de Perseus.

Las constelaciones que alcanzan su momento de mejor visibilidad son  Cygnus, Delphinus, Capricornus,  Cepheus,  Aquarius y Pegasus. Este mes lo dedicaremos a la constelación de Capricornus, una constelación que está situada en proximidad con el horizonte sur (para el hemisferio norte). Es la más pequeña del zodíaco y está situada entre Sagittarius y Aquarius. Se puede llegar a ella duplicando algo más de dos veces la distancia entre Vega y Altair hacia el sur, llegando de este modo a Beta de Capricornus. Como objeto destacable encontramos el cúmulo globular M30, el cual se encuentra a una distancia de unos 26.000 años luz y es visible con unos prismáticos. No hay que olvidar darle un vistazo a Sagittarius, que aunque fue la constelación del mes de julio, se sigue viendo estupendamente en agosto y tiene objetos interesantes en cantidad.

LOS PLANETAS

Mercurio podrá verse antes de los anocheceres, aunque será muy difícil su observación dada su cercanía al Sol.

Venus se observará antes de los amaneceres, llegándose a poder observar durante casi tres horas.

Marte irá ganando altura y se observará antes de los amaneceres, llegándose a poder observar durante más de cuatro horas antes del amanecer.

Júpiter dominará los cielos, pudiéndose observar prácticamente durante casi toda la noche. El 14 de agosto se encontrará en oposición, siendo el mejor momento del año para poder observarlo. También alcanzará su oposición Neptuno durante este mes.

Saturno se acercará mucho a la posición del sol, localizándose al lado del mismo después de los atardeceres.

marte2Desde hace algunas semanas, viene distribuyéndose por internet un bulo, unas veces por un Power Point y otras por correo electrónico. La noticia trtata sobre la aproximación a la Tierra del planeta Marte. Se habla que el 27 de Agosto el cielo tendrá dos lunas llenas. Me han preguntado numerosas personas y por medios muy diferentes sobre esta noticia, así que he decidido escribir este artículo y así poder remitirles a él.

El planeta Marte gira entorno al Sol en 687 días (un poco menos de dos años terrestres) a una distancia media de una vez y media la distancia Tierra-Sol. Teniendo en cuenta esto y el movimiento terrestre, Marte se aproxima a nosotros una vez cada dos años. Estas aproximaciones (también se les denomina opociciones) no son a la misma distancia cada vez, debido a perturbaciones en las órbitas. Una muy cercana tuvo lugar en 1993, concretamente su menor distancia a la Tierra tuvo lugar el 27 de Agosto. Alguien leyó o escuchó que ese día que Marte visto por un telescopio tendría el tamaño aparente de la luna llena (además visto por un telescopio bastante grande). Este individuo decidió hacer un Power Point con fotos espectaculartes para relatar la noticia. El problema es que olvidó un par de detalles:

Olvidó el año en cuestión (1993), pero si dijo la fecha. Así que el 27 de Agosto de los mensajes recibidos ahora no se refieren a este año. Este año Mate está muy lejos y apenas es visible unas pocas horas antes del amanecer. A las 00:30, que se menciona en la presentación, Marte no está visible en el cielo.

Olvidó mencionar que el diámetro de Marte igual a la luna llena era “aparente”, el resultado de pasar su imagen por un telescopio con grandes aumentos. Comparar una imagen al telescopio con una a simple vista (de la Luna) es un gran error. El riesgo que tiene escuchar las noticias a  medias o el peligroso corta y pega  de frases impompletas.

En fin, que si vemos a Marte en el cielo del tamaño de la Luna llena, estaríamos en viviendo una ecatombe gravitatoria, nefasta para la Tierra.

La moraleja de todo esto es la forma de actuar de han tenido los que han preguntado para salir de dudas, tanto a astrónomos profesionales como a los astrónomos aficionados repartidos por todo el mundo. De esta manera se aprende un poco y no se cree todo lo que aparece por Internet.

chicolisto_1_dchaRaúl abrió la puerta del aula y dos individuos trajeados alzaron la mirada hacia él sin decir palabra.

-Me han dicho que preguntaban ustedes por mí –casi murmuró, finalmente, algo intimidado.

-En efecto –contestó el hombre más alto-. Su tesis doctoral ha despertado el interés del servicio de inteligencia y nos han enviado para saber algo más del tema. Pero adelántese.

El servicio secreto. Alucinante. Entonces esos hombres debían ser algo así como… espías. Raúl avanzó entre los bancos corridos hasta el estrado donde se encontraban, sin dejar de mirarles, y el alto le indicó con la mano que se sentara en la primera fila, frente a ellos. (más…)

Julio 09

La estrella Vega (en la constelación de Lira) junto con Deneb (en la constelación del Cisne) y Altair (en la constelación del Águila) forman el denominado Triángulo de Verano, que estará presidiendo en lo alto las largas noches veraniegas.

Las constelaciones que alcanzan su momento de mejor visibilidad son Scutum, Lyra, Sagittarius, Sagitta, Aquila y Vulpecula. Este mes lo dedicaremos a la constelación de Sagittarius, una de las constelaciones zodiacales. Como es muy difícil para los astrónomos de hoy ver en este asterismo la figura mitológica de sagitario, hemos descubierto otra que se adapta más a estos tiempos y que es más fácilmente reconocible. Sagitario tiene un grupo de estrellas muy reconocible denominado  la Tetera, con una tapa acabada en punta (Lambda) y un enorme pico (Gamma, Epsilon y Delta). El mango de la tetera también se denomina el Cucharón de leche. Es una constelación tremendamente rica en estrellas y objetos de cielo profundo, esto es debido a que el centro de nuestra galaxia se encuentra precisamente en esta dirección. En esta constelación hay más objetos catalogados por Messier que en cualquier otra constelación, 15 objetos en total. Y aunque en nuestro lugar de observación habitual la visibilidad de Sagitario no es la óptima, paso a describir los objetos más interesantes que se pueden ver en esta interesante constelación:

M8: Conocida comúnmente como la Nebulosa de la Laguna. Es una nebulosa difusa que se encuentra próxima a Kaus Borealis y es visible con unos prismáticos. Tiene una magnitud de 5,2. Uno de los rasgos notables de la Nebulosa de la Laguna es la presencia de nebulosas oscuras conocidas como “glóbulos” (Burnham), que son nubes de protoestrellas colapsando con diámetros de unas 10.000 Unidades Astronómicas.
M17: Conocida por la Nebulosa Omega. Es una región de formación estelar y brilla por emisión excitada, causada por la radiación de alta energía de estrellas jóvenes.  Se puede localizar buscando primero Scutum y es visible con prismáticos.
M18: Es un cúmulo abierto de magnitud 7,5. Como las estrellas más calientes en M18 son de tipo espectral B3, este cúmulo es realmente joven; su edad se estima en 32 millones de años. Este cúmulo contiene estrellas azul brillante así como amarillo brillante o naranja.
M20: Se trata de una nebulosa difusa, conocida como la Nebulosa Trífida. Recibe este nombre porque tiene tres lóbulos gaseosos separados por líneas oscuras de polvo. Es, a la vez, una nebulosa de emisión y de reflexión. En su centro hay cúmulos de estrella jóvenes. La roja nebulosa de emisión con su joven cúmulo estelar cerca de su centro, está rodeada por una nebulosa azul de reflexión. En el cielo, la Nebulosa Trífida M20 se sitúa aproximadamente a 2 grados al noroeste de la más grande Nebulosa de la Laguna M8, de modo que ambas son un buen blanco para las fotografías de gran angular.
M21: Es un cúmulo abierto de 6,5 de magnitud visual. M21 es un cúmulo que muestra una fuerte concentración hacia su centro. La mayoría de sus estrellas más brillantes son gigantes espectrales del tipo B, de lo que se deduce que es un cúmulo joven.
M22: Es un objeto digno de mención. A 10.400 años luz, es uno de los cúmulos globulares más cercanos. A esta distancia, sus 32′ de diámetro angular, ligeramente más largo que el de la Luna llena, corresponden con un diámetro lineal de unos 97 años luz; visualmente, está cerca de los 17′. Es visible sin telescopio para observadores en una latitud no muy al norte. Su magnitud es de 5,1.
M23: El cúmulo abierto M23 es otra visión gloriosa para los telescopios pequeños y los binoculares en la Vía Láctea de verano. Es uno de los descubrimientos auténticos de Charles Messier; quien descubrió este cúmulo el 20 de Junio de 1764. Su magnitud es de 6,9.
M24: El objeto número 24 de Messier no es un “verdadero” objeto del cielo profundo, sino una inmensa nube estelar en la Vía Láctea, un seudo cúmulo de estrellas disperso por cientos de años luz a través de la línea de visión, percibidas a través de aberturas en el polvo interestelar. Forman una porción de un brazo espiral de nuestra galaxia y tiene una magnitud de 4,6. Contiene en su interior diversos cúmulos propiamente dichos.
M25: Es un cúmulo abierto de magnitud 6,5. Dos gigantes de tipo espectral M y dos de tipo G pueden ser encontradas en este cúmulo, donde las gigantes de tipo G parecen ser miembros reales (las M no). Además contiene a la estrella variable U Sagittarii de tipo Delta Cephei, que tiene un periodo de 6,74 días, un periodo típico para estas estrellas variables “en nuestro barrio”.
M28: Es un cúmulo globular de magnitud 6,8. A unos 18.000 a 19.000 años luz de distancia, con su diámetro lineal de 60 años luz parece considerablemente más pequeño y más condensado que su vecino más llamativo, M22. Se necesitan instrumentos grandes para resolver sus estrellas; fue William Herschel el primero en describirlo como una “nube de estrellas”.
M54: Es un cúmulo globular de magnitud 7,6. Este cúmulo globular es brillante pero pequeño por lo que puede ser pasado por alto con binoculares pequeños o telescopios de búsqueda (es decir confundido con una estrella). Por su gran distancia, este cúmulo globular es difícil de resolver. Binoculares y telescopios pequeños lo muestran como un objeto redondo y nebuloso de bordes borrosos. Uno de 10 cm (4 pulgadas) muestra una textura abigarrada, bajo buenas condiciones con nudos de apariencia estelar.
M55: Es un cúmulo globular de magnitud 6,3. M55 es un cúmulo globular bastante grande (de unos 19′, más o menos dos tercios del diámetro aparente de la luna) pero tiene una apariencia tan holgada que el presente autor tuvo una impresión del cúmulo incluso con unos binoculares de 7×50, cuando la mayoría parecen nebulosas, este aparece muy granuloso.
M69: Es un cúmulo globular de magnitud 7,6. M69, al igual que su vecino M70, es uno de los cúmulos globulares del catálogo Messier más pequeños y de luminosidad más débil. Sólo es visible en una noche oscura y con unos binoculares de 7×50 o 10×50, siempre que el lugar de observación no esté muy al norte.
M70: Es un cúmulo globular de magnitud 7,9. Aunque parece tan grande y brillante como su vecino M69, el cúmulo globular de estrellas M70 es en realidad ligeramente más luminoso y un poco mayor, y está casi a la misma distancia (29.300 años luz). Ambos se hallan bastante cerca del centro galáctico, por lo que ambos están sujetos a fuertes fuerzas de marea. M70 está a casi la misma declinación sureña, por lo que resulta un objeto difícil desde París, donde Messier lo observó.
M75: Es un cúmulo globular de magnitud 8,5. Es uno de los globulares más compactos y concentrados, clasificado como de clase I. Debido a esto y a su distancia, se requieren grandes telescopios para resolverlo en estrellas. Su diámetro angular de 6,6′ corresponde a una extensión lineal de bastante más de 130 años luz, y es de gran luminosidad, tal vez unas 180.000 veces la del Sol.

LOS PLANETAS

Mercurio irá perdiendo altura según vaya avanzando el mes, pasando, a mediados, de verse antes de los amaneceres a verse antes de los anocheceres en la segunda quincena. Será muy difícil su observación dada su cercanía al Sol.

Venus irá ganando altura y se observará antes de los amaneceres, llegándose a poder observar casi tres horas y media antes del amanecer al final del mes.

Marte irá ganando altura y se observará antes de los amaneceres, llegándose a poder observar casi cuatro horas antes del amanecer al final del mes.

Júpiter dominará los cielos, pudiéndose observar prácticamente durante casi toda la noche. Se aproxima a su momento de oposición, que será en Agosto.

Saturno solo se podrá observar tres horas después del anochecer, acortando su tiempo de observación según vaya avanzando el mes.

1De nube a planeta.- La Tierra tomó forma hace unos 4.600 millones de años. Una nube de gas y polvo, como tantas otras en los brazos espirales de la Vía Láctea, comenzó a condensarse por efecto de su propia gravedad. El consiguiente un movimiento de contracción y rotación la transformó en un disco aplanado que giraba en el plano ecuatorial de la galaxia. La materia de su centro se concentró y apretó más y más en un punto cada vez más denso, masivo y caliente que finalmente, tras alcanzar por presión millones de grados, inició las reacciones nucleares que lo encendieron en un nuevo Sol. El disco de polvo y gas que rotaba en su derredor se apiñó también en planetesimales (pequeños planetas en formación) que atraían con su gravedad a los desechos más menudos, adquiriendo mayor masa. De vez en cuando colisionaban, desintegrándose o fundiéndose en uno solo de tamaño mayor. Los planetas actuales son los pocos supervivientes que lograron, vuelta a vuelta, limpiar su órbita de otros restos (1). De ellos, los más cercanos al Sol (de Mercurio a Marte) sufrieron tras el encendido de este un violentísimo viento de radiación solar (fase T-Tauri) que barrió la mayor parte de los elementos ligeros que retenía su gravedad. Se convirtieron así en planetas pequeños y rocosos, producto de la condensación de los materiales pesados como el hierro y los silicatos. Los demás, mucho más alejados, conservaron por el contrario sus materiales ligeros y se convirtieron en gigantes gaseosos muy masivos.

2El planeta rojo (¿4.000-3.900 m.a.?).- ¿Cómo era esa primera Tierra recién condensada y ya redondeada? Para empezar no tendría atmósfera. No habría, pues, nubes, vientos ni lluvia; solo frecuentes colisiones de meteoritos, y puede (según Fred Singer y otros) que evasión o captura de satélites, como la Luna (2). De haber podido estar allí, desde la superficie de esa joven Tierra habríamos podido contemplar un cielo muy oscuro y estrellado, con un Sol joven y poco brillante, que emitía más o menos un 40% del calor que emite ahora. A este calor se unía en la corteza terrestre el generado por los continuos impactos, y en el interior el de los isótopos radiactivos llegados al planeta entre el polvo y el gas. La energía atómica emitida en su desintegración fundía los materiales, facilitando que los más pesados bajaran a unirse en un núcleo, mientras los demás quedaban arriba formando el manto y una corteza rocosa pero inestable, al estar apoyada en una capa semifundida mucho más activa que la actual. De modo que la Tierra tenía en los primeros millones de años tras su formación el color de sus rocas y el del magma de sus abundantes erupciones.

3El planeta blanco (¿3.900 – 3.500 ó 3.000 m.a.?).- Aunque la acreción meteorítica continúa en pequeña medida incluso hoy en día, el proceso principal había decaído bastante hace unos 3.900 millones de años. También la desintegración radiactiva. La consecuencia fue que la Tierra comenzó a enfriarse y aparecieron las primeras losas de corteza sobre manto estable. Al mismo tiempo, su superficie fue cubriéndose de una densa capa de vapores emergida del interior del planeta, que se desgasificaba rápidamente: nitrógeno, dióxido de carbono y vapor de agua como gases dominantes; monóxido de carbono y gases de azufre como secundarios. En definitiva, una primera atmósfera densa y completamente tóxica para nosotros (sin oxígeno) cubrió por completo el planeta como hoy lo está Venus, en una nube perpetua que le confirió un homogéneo color blanquecino (3).

Una vez que la atmosfera primitiva se saturó de vapor de agua, este fue condensándose y precipitándose a la superficie, produciendo charcas, al principio inestables al ser evaporadas por los impactos de meteoros. La superficie aun superaba los 100 grados centígrados, pero la elevada presión aumenta el punto de evaporación del agua, de modo que, a pesar de esta temperatura, los charcos pudieron ir agrandándose hasta formar lagunas, lagos y finalmente enormes mares calientes, que debido a la elevada presión no tendrían oleaje.

En cuanto el agua cubrió la tierra, hace unos 3.800 millones de años, la vida hizo su aparición, en forma de organismos unicelulares sin núcleo que se alimentaban de la materia orgánica disuelta en el líquido. Al no tener depredadores, estos organismos se desarrollaron sin freno hasta que, inevitablemente, millones de años después, empezó a escasear el alimento.

El planeta verde (¿3.500 ó 3.000 – 2.000 m.a.?).- La evolución natural se encargó, después de muchos intentos fallidos, de encontrar la solución: la fotosíntesis. Este fabuloso invento tuvo inmediato éxito, y en pocos m.a. las microplantas cubrieron los mares, confiriéndole, en el agua extremadamente transparente de entonces, un maravilloso color… ¡verde! (4)

En la fotosíntesis se sintetiza el alimento a partir de agua, energía solar y dióxido de carbono, produciendo oxígeno en el proceso. Con ella el dióxido de carbono, dominante en la atmósfera y el agua primitivas, fue siendo digerido por los seres vivos, que a su muerte se depositaban formando rocas carbonatadas. El efecto invernadero que este gas provoca fue disminuyendo con su consumo, lo que debería haber provocado una gran bajada en la temperatura del planeta. Pero al mismo tiempo el Sol iba calentando más, y la precipitación del carbono se vio frenada por la alta presión atmosférica y la alta salinidad marinas, de modo que la vida no acabó congelada.

El planeta azul (¿2.000 m.a.? – actualidad).- El agua de los océanos se saturó de oxígeno hace unos 2.000 m.a. Pero mucho antes la fotosíntesis había comenzado ya a provocar serios problemas a los seres vivos, pues el oxígeno producido era un veneno que contaminaba cada vez más su medio, como los gases producidos por la era industrial envenenan más y más el nuestro. De modo que a la revolución de la fotosíntesis hubo de seguirle, mucho después, otra no menos traumática: la adaptación de una parte de la vida al consumo de oxígeno para no acabar envenenado por este. Cuando finalmente el logro tuvo lugar, la interacción de seres comedores de dióxido de carbono y seres comedores de oxígeno resultó una solución tan feliz que hoy en día sigue usándose en gran escala (5).

Saturados los mares de oxígeno, este continuó produciéndose y escapando a la atmósfera, donde fue también sustituyendo al dióxido de carbono y preparando el camino para que los seres consumidores de oxígeno pudieran salir del mar y colonizar la tierra firme. Hay autores que defienden que el nivel actual de oxígeno en el aire se alcanzó hace sólo unos 40 m.a., mientras que otros sitúan ese momento hace unos 400 m.a., con las primeras plantas terrestres. Lo importante es que ese modelo, en el que nosotros vivimos, sigue funcionando con efectividad.

Notas: (1). La teoría dominante que explica la explicación de planetesimales es la aquí expuesta, llamada de acreción nuclear, si bien junto a ella persiste la de formación por inestabilidades gravitatorias. Para ambas, ver Gregory P. Laughlin, “Sistemas planetarios extrasolares”, Investigación y Ciencia, Temas 53, 2008.

(2) La teoría más aceptada es la de que la Luna no es un satélite capturado, sino que se formó por el impacto, hace unos 4.500 m.a., de un planetoide del tamaño de Marte sobre la Tierra, arrancando un pedazo de esta que posteriormente se redondeó y alejó de nuestro planeta hasta su posición actual (Canup, Asphaug y otros).

(3) Una teoría alternativa, menos aceptada, defiende que el agua no procede del vapor emanado del interior de la Tierra, sino que llegó a ésta en los meteoritos (Tobías, Mojzsis, Sciensweek). Otros autores prefieren una unión de mabas causas.

(4) No sé si ello sería suficiente como para que en el planeta predominase el color verde. En cualquier caso, esta época me sigue mereciendo el nombre de planeta verde, por estar cubierto de vida verde en toda la extensión de sus mares.

(5) El anterior apartado y la primera parte de éste está basado en una estupenda historia química de la Tierra: María Jesús Mediavilla Pérez, La Historia de la Tierra, McGraw Hill, Madrid, 2006.

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